El próximo 30 de julio, los descendientes de la Gran Cultura Maya en la Península de Yucatán conmemorarán el 176 Aniversario del inicio de la Guerra Social Maya, llamada “guerra de castas”; sin embargo, después de más de un siglo de su conclusión (1901), parece que el tiempo se ha detenido en las regiones mayas de Quintana Roo.
Lejos de cumplir con el sueño de los caudillos iniciadores del movimiento: Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi y Jacinto Pat; hoy los descendientes de esa cultura siguen “esclavizados de manera civilizada”, pues ya no es por medio de las armas que son sujetados, sino con la dependencia económica, social, política y de desarrollo que tienen con los gobiernos en turno azuzados por los empresarios.

Aunque el sacrificio de los caudillos que llevaron en alto el nombre de sus ancestros hoy permite que la cultura maya siga viva, que conozcamos parte de su idiosincrasia, de su pureza, de lo grande que son cuando se lo proponen; no solo en el ambiente cultural o del espectáculo, sino también en su gastronomía, en su avance en la medicina tradicional, en el arte del tejido y labrado de piedra y madera; así como la conservación de la lengua.
Las y los quintanarroenses, nacidos o arraigados en esta parte de la Península, no debemos olvidar que gracias a ese movimiento Social Maya, tenemos un estado llamado Quintana Roo. Fue una decisión política que primero nos dio la categoría de Territorio, pero en 1974, con la mayoría de la población descendiente de los mayas, fue declarado Estado Libre y Soberano de Quintana Roo.
No hay mayor agradecimiento al pueblo maya que respetar sus usos y costumbres, de darles la oportunidad de desarrollo y proporcionarles las herramientas necesarias para que vuelvan a ser el faro cultural y económico de la Península de Yucatán.

