Un reciente informe del gobierno de Áncash, en Perú, revela que los ríos Santa y Tablachaca están contaminados y no son aptos para el consumo humano. Esta contaminación se detectó a principios de agosto, cuando se observó una coloración naranja en las aguas. Según Beatriz Cortez, activista de la ONG Red Muqui, la situación es un “desastre ambiental grave” ya que estos ríos abastecen a comunidades enteras.
La contaminación se atribuye a la presencia de metales pesados como hierro, arsénico y manganeso. Las primeras investigaciones sugieren que el colapso de una bocamina de la Minera Tungsteno Málaga SAC podría ser la causa. Sin embargo, Activos Mineros SAC, responsable de una bocamina en la zona, sostiene que estas instalaciones están inactivas desde 2015, lo que sugiere una posible intervención de mineros informales.
El ministro de Ambiente de Perú, Juan Carlos Castro, ha señalado que la minería ilegal podría estar detrás de la crisis. El activista Cortez cuestiona esta explicación, señalando que el Estado debería asumir una mayor responsabilidad en el control y regulación de la minería. A su vez, Guillermo Martines, de la Asociación Marianista de Acción Social, destaca la falta de información oficial y la necesidad de monitoreos independientes.
La contaminación ha afectado a más de un millón y medio de personas, con restricciones en el suministro de agua potable y problemas en el riego de cultivos. Las autoridades están trabajando en la limpieza de los ríos y en la evaluación de la calidad del agua, pero expertos advierten que el problema puede haber estado presente por años debido a la minería informal y la falta de control estatal.

