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As the time goes by……

Según cuenta la historia, una de las situaciones más complejas que tuvo el rodaje de la épica película Casablanca de 1942, fue preparar el final. Aunque se empezó a rodar sin un guion definitivo, casi todos los problemas de la trama fueron resolviéndose sobre la marcha, pero faltaba el desenlace. Por un lado, nadie estaba contento con la manera en que Rick (Humprey Bogart) enviaba a Elsa (Ingrid Bergman) con Víctor (su marido). Por más vueltas que se le daba, el final parecía forzado e inconsistente. Elsa no podía irse sin poner objeciones y Rick tampoco podía forzarla u obligarla de algún modo.

Por otra parte, todos se preguntaban si el público aceptaría ese final; si querrían ver al protagonista perdiendo al gran amor de su vida. Se prepararon entonces tres finales 1) Rick moría en el aeropuerto ayudando a escapar al marido de ella, pero resultaba demasiado triste para la audiencia. 2) Elsa abandonaba a Víctor y se iba con Rick, pero tampoco encajaba; no era esa la conducta que se aceptaría de una dama, después de su fidelidad a Víctor. 3) Víctor muere en la escapada, dejando libre el paso a Rick; pero esto no sólo dejaba inacabada su labor patriótica, sino que echaba por los suelos el mensaje esperanzador del filme en plena guerra mundial. 

Finalmente, el final quedó así: Rick enviaba a Elsa con Víctor no por debilidad o despecho, sino porque entendía que su vida le pertenecía; que él la necesitaba en su vida y también en su ideal patriótico, por eso le dice a ella poco antes del final: “Comprende que los problemas de tres personas no importan cuando el mundo entero está en juego… A nosotros, siempre nos quedará París” (en referencia a esos días de romance intensos que habían tenido en la capital francesa). Esta era, sin duda, la única razón que ella no podía discutir: la idea mágica del desprendimiento y de la fidelidad.

Me quedo con estas palabras: el desprendimiento y la fidelidad y mientras me seco la última lágrima de la escena donde Bogart se va caminando con el jefe de policía y éste le dice: “Creo que esto puede ser el principio de una gran amistad”, me concentro en el resultado final de lo que será la decisión del elegido para el próximo proceso electoral quintanarroense.

Los medios de comunicación se han metido, desde hace meses, en una guerra mediática gastando kilómetros de tinta e imágenes reafirmando cada columnista o comunicador la apuesta por su favorito, en una campaña adelantada iniciada hace más de 20 meses por la propia gobernadora hacia su sucesión. Desde la maquinaria comunicacional y estratégica de Mara Lezama han asumido que la decisión ya está dada, que sólo falta darle legalidad y legitimidad a través de un próximo proceso interno donde todos se deberán quedar contentos con la unción digitada. Se ha manejado una situación donde el elegido o protegido ha de flotar en aguas tranquilas, sin mayores exposiciones que las propias movilizaciones partidarias y sin declaraciones que pudiesen ser consideradas como comprometedoras. Gino Segura el delfín cuasi impuesto, ha alimentado su imagen sobre la figura de ser el bendecido bajo la influencia que emana desde las entrañas propias del primer círculo de intereses de la coalición marista-verde en donde la posibilidad de una continuidad a su propio proyecto y de seguir siendo la primera y única mujer gobernadora del estado significa dejar una huella que nadie repetirá por el momento. Es por ello que las posibilidades de Maribel Villegas y Ana Patty Peralta sobrepasan la posible decisión de un cambio de género en la designación ya que será para Mara Lezama muy difícil aceptar que otra mujer herede su trono y comparta con ella el poder político que supo aspirar y conservar.

Mientras estas diatribas aspiracionales se fueron enraizando dentro de la agenda oficial política de estos tiempos, donde sólo hay una instrucción institucional a fuego, inesperadamente Rafa Marín con su frase “quien respira, aspira” fue entrando en el juego electoral, enarbolando con plena convicción y mérito ese rezo laico de ser el fundador de la cuarta trasformación que, según muchos se fue licuando y abandonando entre los propios miembros de la coalición gobernante en el estado. El tren del aburrimiento y chatura de la   estrategia seguida por Gino, ha encontrado en Rafa Marín, repentinamente y quizá sin quererlo, el eco de una población cansada de mensajes y slogans que no les ha llenado la panza y que una vez más, busca despertar de su letargo y sumarse a un proyecto inclusivo, que les permita encontrar un lugar en la sociedad y no ser un ente más de la administración de la decadencia y demagógica que sufre Quintana Roo.

La aparición de Rafa Marín no es fortuita.  Esos movimientos hasta ahora pasivos, reflejan el sentir del hartazgo de una sociedad hacia una clase política a la que consideran alejada de los problemas cotidianos y que siempre repiten lo mismo a pesar de que piensan que son diferentes. 

¿Qué le pasó a Mara Lezama? es la pregunta sin respuesta que nos haremos por mucho tiempo. Jamás pudo ser diferente, ni poner en la mesa del debate algún tema para hacerlo propio más allá de sus palabras llenas de slogans (como el Nuevo Acuerdo, la luchadora social, la justicia social, la prosperidad compartida, el corazón feminista o la primera mujer gobernadora).  Pareciera que gastó más tiempo en convencer a los propios morenistas que ella era uno de ellos, que a un electorado que esperaba muchísimo más de su mediática gestión.   Ni siquiera jugó con el sentimiento autentico y natural de mostrarse como parte de ellos. Ha sido el típico caso de la persona que se sube a un camión de línea, pregunta cuánto está el boleto y todos los que están en el autobús se dan cuenta que no es una de ellos a pesar de que se quiere mostrar como tal.

Hoy en este 2026, Quintana Roo sustituyó a Casablanca y  se transita el cuarto año de gobierno, que por iniciativa propia parece que ya han resignado a entregarlo al  sucesor designado 18 meses antes. Se camina hacia un proceso electoral que pone en evidencia que no siempre los caprichos son realidad y que aún falta muchísima agua por recorrer para llegar al 27 con la fortaleza pretendida para encarar y digitar un nuevo sexenio que será muy difícil para Quintana Roo si no se reinventa.

Confío entonces que Gino, Rafa y Mara, (así como Víctor, Dick y Elsa)  comprendan, “que los problemas de tres personas no importan cuando el mundo entero (Quintana Roo) está en juego...” y que por ahí se pueda decir, por el bien del estado   “Creo que esto puede ser el principio de una gran amistad”.

Total,  como diría el ex titular del SAT Héctor Contreras, siempre nos quedará la NBA. 

Por lo menos así lo veo yo…………..

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