En Seúl, un movimiento sindical compuesto por docentes ha emergido con fuerza para poner fin al acoso psicológico que enfrentan por parte de padres y alumnos. Más de 100,000 profesores secundarios realizaron una protesta disciplinada en las calles de la capital, demandando un alto al hostigamiento constante. El trágico suicidio de una joven profesora de 23 años, Lee Min-so, que presuntamente se debió a la presión en su trabajo y al acoso de padres y alumnos, desencadenó esta movilización. Los docentes alegan que una ley de 2014 los hace vulnerables a acusaciones de maltrato por parte de los padres, lo que limita su capacidad para mantener la disciplina en el aula.
En la sociedad surcoreana, la educación es vista como el camino hacia el éxito social, lo que crea una tremenda presión tanto para los estudiantes como para los profesores. Los padres consideran que tienen el derecho de controlar y criticar a los docentes, lo que ha empeorado la situación. A pesar de que la huelga es ilegal y podría resultar en encarcelamiento, los docentes han continuado movilizándose durante siete semanas, exigiendo un cambio en estas condiciones. Aunque el gobierno ha cedido parcialmente a sus demandas, el problema del acoso y la presión en las escuelas surcoreanas persiste, presentando desafíos significativos para el sistema educativo del país y su cultura de competitividad extrema.

El alto índice de suicidios entre docentes y estudiantes en Corea del Sur refleja la urgente necesidad de abordar estas cuestiones de manera más profunda y sistémica. La presión social y educativa está teniendo un costo humano inaceptable en la sociedad surcoreana, que lucha por encontrar un equilibrio entre su tradición confuciana y la modernización en un mundo altamente competitivo.

