Estefanía Mercado resiste ataques políticos con resultados, seguridad, cultura y juventud al centro del cambio.
Por David García
En política, los ataques no se dan por casualidad. Se dan cuando alguien está haciendo bien las cosas. Y en estas últimas semanas, la presidenta municipal de Playa del Carmen, Estefanía Mercado, ha sido blanco de un golpeteo que, lejos de debilitarla, confirma que va por el camino correcto. ¿Por qué? Porque ha logrado lo que muchos políticos solo prometen; poner a los jóvenes al centro de las políticas públicas.
Hoy Playa del Carmen es una ciudad que respira arte, cultura, música y seguridad. Y eso no es menor. Me tocó comprobarlo en carne propia. Por presión de mis hijos —y con gusto lo admito— viajé recientemente a Playa para acompañarlos al concierto de la legendaria banda Molotov. Lo que encontré me sorprendió, una ciudad limpia, ordenada y, sobre todo, segura. Presencia policial en las calles, vigilancia visible y un ambiente que hace apenas unos años era impensable en una zona donde la inseguridad estaba normalizada.
Caminar por la Quinta Avenida ya no es sinónimo de ser abordado por narcomenudistas a los cinco minutos. Hoy, el turismo familiar ha regresado, y eso solo se logra con decisiones firmes. Pero también es justo ahí donde duelen los cambios. Sabemos perfectamente quiénes son los que hoy se quejan, los que perdieron los privilegios, los que durante años hicieron de la administración pública su caja chica. Les quitaron el pastel, y ahora revientan desde la trinchera de la inconformidad.
Sin embargo, en política, el mejor juez siempre será la gente. Y si hay algo que un ciudadano reconoce —sin necesidad de discursos— es sentirse seguro en su propia ciudad. Playa del Carmen ha logrado eso, y lo ha hecho en un momento donde el país entero busca desesperadamente reconstruir su seguridad. Hoy, Playa del Carmen va adelante en esa transformación, y eso, aunque no guste, se nota.
Estefanía tiene que saberlo, va bien. Pero no debe confiarse. Que los ataques no la distraigan. La gente está mirando, y eso es más poderoso que cualquier rumor. Hay que seguir haciendo lo correcto, porque los resultados —no los gritos— son los que construyen futuro.

