Muy difícil la circunstancia que se está viviendo en Quintana Roo con las expresiones de la delincuencia organizada, que cada día obtiene mayores controles territoriales y somete a tirios y troyanos a los pagos del derecho de piso que ahora ha estado creciendo en el estado más turístico del país. Desconozco que tanto haya afectado la salida del ex fiscal Oscar Montes de Oca, porque hasta ahora la delincuencia pareciera estar de plácemes.
Los familiares de los reclusos que se encuentran en el Cereso de la Capital de Quintana Roo, es la principal muestra de que hasta ahora quien ocupa la fiscalía del Estado ni siquiera se ha enterado de que ahora existe un “autogobierno” que impone cuotas a los familiares de quienes pagan por sus delitos cometidos con el encierro en el penal de la Capital del estado, lo que quiere decir que ahora la delincuencia tiene una parte del control.
Uno de los problemas sin lugar a dudas es el hacinamiento en que se encuentran los reclusos porque las instalaciones ya no son propicias para albergar a una población de mil ciento setenta y nueve personas que están pagando la comisión de los delitos que se atrevieron a cometer. Esta circunstancia no es solamente de Chetumal, porque hasta hora las cárceles del estado exceden por casi el treinta por ciento de su capacidad máxima permitida.
El estado de Quintana Roo cuenta con más de tres mil trescientos cincuenta personas privadas de su libertad, que se reparten en seis centros penitenciarios. Si bien es cierto que quienes delinquen en muchas ocasiones provienen de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, también lo es que hasta ahora podemos señalar que antes que la rehabilitación de los reclusos, lo que enfrentan es la redención de la pena.
Pero en la vida pública de la Capital del Estado se ha comenzado a mencionar que ya existen expresiones de la delincuencia organizada que han estado pretendiendo extorsionar con el derecho de piso a algunos empresarios, y eso habla de que en cualquier momento la Capital del Estado pudiera convertirse en rehén de los apetitos de las mafias delincuenciales que hasta ahora se han apoderado de la mayor parte de las plazas del país, con la complacencia del inquilino de Palacio Nacional. Así de simple nuestra circunstancia. Al tiempo.

