Las cosas no van bien en materia de combate al delito en Quintana Roo. Y no se trata de generar una percepción negativa a los resultados que se han alcanzado en ese rubro, pero hasta ahora pareciera que las cosas no están lo bien que se quisiera porque quizá la indolencia, el burocratismo y hasta la corrupción pudieran estar presentándose de manera impredecible. Para decirlo más claro, el fracaso está a la vuelta de la esquina y eso es grave a la vez que preocupante.
Por lo pronto, la Comisión de Justicia del Congreso de Quntana Roo está buscando los votos necesarios para que la extorsión sea considerada entre los delitos que ponen en peligro la integridad de las personas, y claro que esta circunstancia es grave a la vez que necesaria, porque pudiera derivar en el delito de secuestro una vez que no se logre la consumación del delito.
El Presidente de dicho grupo de trabajo, Hugo Alday Nieto, ha sido enfático en señalar que el objetivo es que el delito se sancione con mayor rigidez para que los ciudadanos entiendan que las leyes están por encima de cualquier eventualidad, pero también les faltó algo que hasta ahora no se ha hecho, y no es otra cosa de que se debe colocar en el centro de toda discusión al ciudadano , y no lo intereses de grupo.
El derecho de piso es uno de los delitos más recurrentes a la vez que más lesivos, y tendría que considerarse un delito grave desde la perspectiva de que la extorsión siempre va de la mano con las amenazas de provocar daño a los familiares cercanos del afectado. Pero hay algo que los señores legisladores olvidan: es mejor tener a los delincuentes mucho tiempo tras las rejas, que darles la oportunidad de redimirse.
Vivimos tiempos difíciles, y considero un acierto el que la extorsión sea considerada entre los delitos que ponen en peligro la seguridad y la vida de las personas, porque en muchas ocasiones los delincuentes intentan causar daño físico y mental a los familiares a través de mensajes, donde incluso utilizan la estratagema de causar mutilaciones, con tal de alcanzar sus aviesos fines, lo que habla de su mendicidad.
Pero la extorsión también tendría que estar como un delito grave en el rubro de los delitos patrimoniales, y los que ponen en peligro la vida. Cuando un delincuente realiza un delito, aprovecha las ventajas que les ministra el poder que presuntamente detentan al mantener como rehenes a quienes pretenden extorsionar, incluso llegan a lastimar psicológicamente a presuntos familiares con presuntos gritos desesperados, lo que causa un enorme daño en los familiares. Al tiempo.

