Alimentar a los perros de la calle no debe ser un tema de campaña política por parte de los funcionarios del gobierno. El problema es más serio de lo que parece. «Dejar huella» en una acción significa estar bien informado y causar un beneficio público, no un problema de salud.
En la actualidad, es bastante común observar a personas alimentando a palomas, gatos y otros animales callejeros, con la creencia de que así facilitan su bienestar. Sin embargo, los expertos advierten que esta práctica puede causar más daño que beneficio, afectando tanto a la salud pública como a los propios animales. Alimentar a estos animales puede favorecer su reproducción descontrolada y la proliferación de plagas, lo que conlleva consecuencias sanitarias graves, incluyendo la atracción de cucarachas y ratas, y un aumento de la suciedad y los malos olores en la vía pública.
Dar de comer a los animales callejeros no solo afecta la salud pública, sino que también altera la relación entre las especies que habitan en la ciudad. Los especialistas advierten de los riesgos asociados a esta práctica, subrayando que muchos animales de la calle no necesitan la ayuda humana para obtener alimentos, ya que son capaces de buscar su propio sustento. Este comportamiento humano puede, además, llevar a problemas de comportamiento en los animales, haciéndolos más dependientes y potencialmente agresivos.
En lugar de alimentar a los perros callejeros directamente, es mejor colaborar con refugios de animales y organizaciones de rescate que trabajan para proporcionar atención médica, refugio y encontrar hogares permanentes para estos animales. Alimentar a los perros callejeros sin control puede contribuir al aumento de la población de perros sin hogar. Sin programas adecuados de esterilización y control, esto puede exacerbar el problema de los animales callejeros.


