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EL ORO QUE NO COMPRA EL OLVIDO

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El lujo une lo que la ley separa: Nemesio Oseguera, «El Mencho», llega a su final en un ataúd bañado en oro, el mismo modelo que despidió a Michael Jackson. Del pop al narco, el féretro «Promethean» simboliza un poder que busca brillar incluso en la tumba, escoltado por un operativo militar histórico.

Zapopan, Jalisco, 02 de marzo.- La muerte, ese gran igualador de destinos, parece haber encontrado un matiz de distinción en las tierras de Jalisco. El traslado de los restos de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, hacia su última morada en Zapopan, no fue solo un evento logístico de seguridad nacional; fue una puesta en escena de la opulencia criminal. El protagonista silencioso, un ataúd bañado en oro.

Este despliegue de lujo post-mortem nos obliga a mirar hacia atrás y cuestionar: ¿Qué busca el poder al intentar blindar la muerte con metales preciosos?

Del «Rey del Pop» al «Señor de los Gallos»

El uso del legendario modelo Promethean —ese féretro de bronce pulido y chapa de oro de 24 quilates— no es nuevo, pero sus ocupantes suelen habitar mundos opuestos.

En 2009, el mundo lloró a Michael Jackson, quien fue despedido en uno de estos cofres de 25,000 dólares como símbolo de su estatus de realeza del pop.

En 2018, la voz de Aretha Franklin se apagó entre terciopelo y oro, honrando una vida de lucha y talento.

Hoy, ese mismo brillo escolta el cuerpo del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Mientras que para los artistas el oro simboliza la inmortalidad de su obra, para un capo del calibre de Oseguera Cervantes, el oro es el último grito de guerra, una declaración de que, incluso en la derrota final ante la biología, el recurso económico acumulado a base de fuego y sangre sigue mandando.

Resulta paradójico, casi insultante, el despliegue de seguridad que acompañó al féretro dorado. Helicópteros, vehículos blindados y fuerzas federales custodiando el camino al panteón Recinto de la Paz. El Estado, que durante años lo persiguió, terminó siendo el guardián de su último trayecto para evitar que el caos —ese mismo que él sembró— empañara su entierro.

¿Cuál es la duda real del ciudadano hoy? No es cuánto costó el ataúd, sino qué sigue. Mientras el oro brilla bajo el sol de Zapopan, miles de familias en el país buscan a sus desaparecidos en fosas donde no hay oro, solo tierra y olvido.

La reflexión es clara, el oro puede cubrir la madera, pero no puede ocultar el rastro de una época marcada por la violencia. El féretro de «El Mencho» entrará en la lista de las exequias más caras de la historia, junto a faraones y estrellas de rock, pero a diferencia de ellos, su legado no se escuchará en estadios, sino que se leerá en los expedientes de una nación que busca, desesperadamente, su propia paz.

El oro brilla, sí. Pero no alcanza a iluminar la oscuridad que deja tras de sí.

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