La lucha contra enfermedades como obesidad, diabetes e hipertensión ha llevado a gobiernos a implementar acciones para reducir el consumo de alimentos procesados, especialmente aquellos con alto contenido de azúcares. Entre las medidas adoptadas se encuentra la imposición de impuestos a bebidas azucaradas como los refrescos, cuya efectividad ha sido cuestionada por grandes empresas del sector. Sin embargo, un estudio dirigido por Scott Kaplan, profesor de economía de la Academia Naval de E.U., señala resultados positivos en ciudades estadounidenses que aplicaron impuestos a estos productos.
Según el análisis, ciudades como Filadelfia, Seattle y San Francisco experimentaron una drástica disminución en las ventas de refrescos tras la imposición de impuestos. La correlación porcentual indica que por cada aumento del 1 por ciento en el precio, las ventas decrecieron en un 1 por ciento. Datos reveladores, ya que con un impuesto de 1 a 2 centavos por onza de azúcar, los precios subieron en promedio un 33.1 por ciento y las compras disminuyeron un 33 por ciento.

Contrario a argumentos de empresas opositoras, el estudio indica que no hay evidencia de que los consumidores viajen distancias para evitar el impuesto. Profesores de la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York respaldan los impuestos, considerándolos una buena política de salud pública debido a la falta de valor nutricional en los refrescos y su relación con enfermedades.
La Organización Mundial de la Salud respalda la imposición de estos impuestos, promoviéndolos como medida para fomentar dietas saludables. En Estados Unidos, la Asociación Estadounidense del Corazón y la Academia Estadounidense de Pediatras abogan por esta medida desde 2019, aunque enfrenta resistencia en estados donde las leyes prohíben a los gobiernos aprobar impuestos a gaseosas. Este estudio podría reavivar el debate sobre la efectividad de los impuestos en una población con altas tasas de obesidad, hipertensión y diabetes.

