En uno de los últimos actos de magia presidencial, AMLO nos presenta su propia aerolínea, la Mexicana de Aviación, un proyecto que parece sacado de un manual de errores. Con 815 millones de pesos invertidos y una falta de planificación digna de un guion de comedia, esta aerolínea militar ya nos hace volar en círculos antes de despegar.
El anuncio inicial fue como un mariachi sin trompetas, y la reserva de boletos se convirtió en un juego de sillas musicales, dejando a los mexicanos preguntándose quién paga la factura de esta improvisación.
Siguiendo una tradición de caprichos costosos, el vuelo inaugural programado para el 26 de diciembre es más ficticio que los propios aviones de Mexicana de Aviación. Con un título de asignación entregado a través de órdenes presidenciales y sin el necesario Certificado de Operador Aéreo, el proceso se parece más a un sueño que a la realidad.
El gobierno intenta hacer malabares con arrendamientos húmedos, pintando aviones de otras aerolíneas con los colores de Mexicana para simular una flota que aún no existe. Todo esto mientras el proceso legal para obtener el Certificado de Operador Aéreo requiere de pasos que parecen más largos que una pista de despegue.
En esta comedia presidencial, el ERJ-145 de TAR se convierte en la estrella, pintado con los colores de Mexicana por un precio que haría que cualquier malabarista financiero se caiga de espaldas. Así, medio millón de dólares de los contribuyentes se gastan en un acto circense que deja a todos preguntándose si la comedia seguirá durante el tiempo que lleva certificar una aerolínea. Abróchense los cinturones, esto promete ser un vuelo accidentado.

Si intentara explicar todo el proceso, necesitaría 50 columnas como esta. Pero al final del día, ¿quién necesita explicaciones cuando puedes tener un boleto para el circo aéreo cortesía del gobierno?

