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Mis años en Harvard: el fin de la guerra fría

Por Gustavo Ferrari Wolfenson

Una mañana de agosto de 1986, caminaba con un mapa en la mano por las calle de Cambridge, Massachussets buscando la dirección: 1737 Cambridge St.,  Coolidge Hall. Allí se encontraba el Center for International Affairs de la Universidad de Harvard, una institución que me abría sus brazos para trabajar como investigador y profesor durante dos años en su Fellow Program, un espacio dedicado a analizar la problemática de la política internacional durante la guerra fría presidido en ese momento por uno de los académicos más reconocidos de la segunda mitad del siglo XX, Samuel H. Huntington.

El CFIA, había nacido en la década de los 60´s  por iniciativa de otros estudiosos  de la política internacional. Me refiero a  Robert Bowie y Henry Kissinger  quienes entre los celos propios de sus aptitudes académicas-intelectuales fueron delineandoun reducto de pensamiento y lobby que se convirtió en uno de los espacios de discusión y análisis másimportantes del mundo.

El Centro mantenía acuerdos de cooperación y de intercambio profesional con la mayoría de las áreas de defensa y relaciones internacionales de los países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que es una alianza militar y política entre países de Europa y América del Norte fundada en 1949. A partir de dichos acuerdos, funcionarios de primerísima línea de esos países pasaban una temporada en Cambridge discutiendo, analizando o resolviendo los mayores problemas o conflictos que surgían durante la Guerra Fría a partir de las teorías aún vigentes de la soberanía limitada o las fronteras ideológicas que, si bien para muchos hoy parecen algo muy lejano, siguen frescas en muchas memorias colectivas. 

En ese escenario de los dos demonios, en la década del 80´s también comenzó lo que el propio Huntingtonremarcaría en su obra de esa época titulada “La Tercera Ola de la Democracia” (The Third Wave of Democracy), el despertar de los países del tercer mundo, especialmente de América latina, al abandonarlos regímenes autoritarios hacia procesos democráticos luego de años de dictaduras militares. 

Su pensamiento reflejado en ese libro, está enfocado fundamentalmente en una etapa que comienza en el derrocamiento del Presidente de Filipinas Ferdinando Marcos (su principal opositor Benigno “Ninoy” Aquino, fue asesinado por fuerzas leales a Marcos cuando bajaba del avión en Manila regresando de Harvard donde había sido justamente Fellow del CFIA y era venerado en el Instituto), la caída de “Baby Doc” Jean Claude Duvalier en Haití, y el final de los gobiernos militares de Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia y El Salvador, entre otros. La doctrina de las dictaduras buenas y las dictaduras malas de JeaneKirkpatrick quedaba en el olvido ante el apoyo de los Estados Unidos hacia los procesos de democratización en un nuevo tercer mundo libre de “ismos”.

Dadas las características del Fellow Program, para los aspirantes que no fueran funcionarios de primer nivel de los gobiernos occidentales con quienes tenían convenios, entrar en ese instituto era prohibitivo, con una fuerte erogación de dinero que generalmente costeaban los propios gobiernos de la OTAN. La idea de Huntington acorde con su línea de pensamiento de estudiar, en ese momento,  el comportamiento de los países latinoamericanos de la boca de sus propios actores, era económicamente imposible de financiar, por lo que acudió a solicitar el apoyo del longevo Programa Fulbright, un fondo del gobierno americano nacido luego de la segunda guerra mundial para promover que estudiantes y profesores de todo el mundo pudiesen realizar su especialidad profesional en universidades norteamericanas y conocer el “american way of life”.  El Programa Fulbright accedió al pedido de Huntington otorgándole la posibilidad de seleccionar, por concurso,  dos vacantes para personas de América latina que ellos financiarían. Durante todo el año 1985, a partir de una amplia convocatoria continental para cubrir esas dos plazas, se llevó a cabo un proceso de selección donde, bajo seudónimos, había que proponer un tema de investigación, desarrollo, que tuviese una visión de futuro relativo a los sucesos que podrían acontecer en el mundo y su incidencia para el continente.

Yo en esa época desempeñaba funciones como director de la Comisión de Asuntos Institucionales del Senado de la Nación, presidida en ese entonces por Fernando de la Rúa. Con la vuelta de la democracia me había sumado al proceso de fortalecer desde cero, las instituciones de un país aplastado por años de autoritarismo sin ningún tipo de estado de derecho, que aun sufría las secuelas y consecuencias de la guerra por las Malvinas.

Había finalizado mi misión diplomática de casi cuatro años en Cuba y uno de los temas que más me atrapó para su análisis e investigación durante esos años, fue el comportamiento del Movimiento de Países No Alineados, un espacio nacido y promovido en losinicios de la década de los 60s por los principales lideres Tito, Nehru, Nasser y Sukarno, jefes de Gobierno de Yugoslavia,  India, Egipto e Indonesiarespectivamente, que no marcaban una cercanía con ninguna de las potencias de la guerra fría y buscaban, a partir de  una equidistancia ideológica, marcar una agenda internacional propia y conservar una posición neutral fuera de cualquier tipo de alineamiento con las superpotencias. (neutralismo positivo) .

Durante mi estadía en La Habana, pretendiendo Fidel Castro liderar el Movimiento a partir de intentar acercar coincidencias entre sus objetivos y las líneas de la política exterior soviética de la época, me interesómucho el juego del ajedrez político que se pretendía imponer y me puse a estudiar su historia, los alcances que había tenido en el contexto internacional, acompañando a las acciones que el Grupo de los 77, una organización intergubernamental de países en desarrollo nacida también en la década del 60´s, que forma parte de las Naciones Unidas. Para la Argentina, que ingresa como miembro pleno en la Cumbre de Argel en 1973, No Alineados era el único foro internacional que reconocía abiertamente su  soberanía sobre las Islas Malvinas y solicitaba en cada reunión la reanudación de negociaciones con el Reino Unido.

Por lo tanto, el “Movimiento de Países No Alineados, su exegesis y perspectivas en un mundo bipolar” fue el tema que elegí para presentarme como candidato yconcursar de manera ignota en esa tómbola latinoamericana cuyo premio seria conseguir un lugar en el centro académico más importante del mundo en materia de política internacional. Luego de 12 meses de correspondencia postal domiciliada a una casilla de correo que tuve que abrir para tal fin, con preguntas que iban y venían sobre el tema elegido, sobre mi visión ante escenarios posibles, finalmente recibí una carta oficial del Center for International Affairs informándome que había sido seleccionado para cubrir una de las dos vacantes existentes. Meses más tarde, ya estando en la universidad pude conocer a Sadio Garavini di Turno, diplomático venezolano especialista en el Caribe anglófono, quien había sido beneficiado con la otra vacante. 

Regreso al origen de esta narración. Al entrar al edificio del Coolidge Hall pregunto por la oficina del Fellow Program y me señalan que es en el sexto piso. Me acerco a tomar el ascensor y junto a mí aparece la figura de un ciclista vestido como tal, con casco y anteojos para evitar el sol. Se abre la puerta, para su bicicleta para que entre en la cabina y aprieta el botón del mismo piso al que me dirigía. Al llegar y ver que yo buscaba el número de la oficina correspondiente, me pregunta muy amablemente, “¿A quién está buscando?” Al doctor Samuel Huntington le respondí: Se sacó el casco y sonrientemente me dijo “soy yo”, “ven entra” y mientras se iba despojando de su indumentaria deportiva me resumió en breves palabras como seria mi estadía en Harvard y que esperaban ellos de mi participación allí.

“Estás en el Centro especializado de política internacional más importante y reconocido del mundo, anclado en una de las universidades más importantes”(Harvard cumplía en ese momento 450 años de fundada). “Aquí será tu vida en los próximos años, y tienes la libertad de hacer y disfrutar este espacio de pensamiento sin límites, así que aprovéchalo”. 

Tenía 32 años aun no cumplidos, con el correr de losdías fui enterándome que era el más joven de mi promoción, integrada principalmente por subsecretarios, jefes de áreas políticas e inteligencia de las principales potencias de la OTAN, y que me estaban poniendo en bandeja de plata la posibilidad de conocer de viva voz y acción directa, como se movían desde allí, los hilos de las marionetas de la política internacional.

En resumidas cuentas compartí, conviví cotidianamente espacios de discusión con Stanley Hoffman, Jorge Domínguez, Joseph Nye, Dov Ronen, Graham Allison, Jeffry Sachs, Richard Mallon, Zbigniew Brzezinskiel controvertido Naomi Chomsky   y el propio Huntington que pocos años después publicaría su último gran ensayo titulado The Clash of Civilization donde pone de manifiesto su teoría de que las guerras futuras no se librarían entre países, sino entre culturas.​ También me escapaba al rival de enfrente, el MIT (Massachusetts Institute of Technology)  donde escuchaba a Paul Samuelson y Rudi Dornbusch en sus teorías macroeconómicas. Inclusive sin saber su protagonismo y relevancia, compartí oficina con Sir William “Bill” Harding, un importante subsecretario de la diplomacia británica que condujo  las fallidas negociaciones previas al conflicto del Atlántico Sur quien, con la altura propia de un caballero inglés, me  distinguió con su amistad hasta el final de sus días e inclusive organizamos juntos seminarios sobre el tema. Con los años intuí que el ponernos juntos en una misma oficina fue una picardía de Sam Huntington. 

No quiero olvidarme de mi mentor y guía en mi trabajo de investigación, un profesor llamado Henry Kissinger, quien en nuestro primer encuentro me dijo: “ve a la farmacia de la esquina, te compras una radio portátil de cinco dólares y todas las mañanas te escuchas el editorial de fulano de tal”.  Cuando lo veía cada cuatro o cinco meses, me preguntaba, ¿qué escuchaste, quéopinas, cómo ves ese tema?. Debo agradecer a Kissinger el haberme enseñado, cuando me estrellabaen mi investigación, flaqueaba y sentía que no llegaba al objetivo que me proponía,  a buscar los pasajes másescurridizos de la política internacional para encontrar puntos de acercamiento y soluciones.

Luego de años en Harvard, de haber podido codearme, disfrutado y aprovechado cada rincón de la universidad, de recibir de parte de Sam Huntington la distinción de haberme considerado uno de los personajes más activos que pasó por el CFIA, cierro esta narrativa con un homenaje al maestro Kissinger a partir de su recuerdo, su persona y a esa capacidad de resumir en breves palabras  escritas por su puño y letra,  su opinión de mi investigación sobre los PaísesNo Alineados So latín, so emotional, very good

Para todos ellos, para la universidad que me marco a fuego por siempre, mis respetos y admiración,

Por lo menos así lo veo yo……

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