Este 2023, los corales de Quintana Roo enfrentan una devastadora pérdida de hasta el 98% de su tejido, siendo víctimas de la contaminación humana, el cambio climático y un inusual aumento de temperatura. Claudia Padilla Souza, investigadora del Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera (Criap) de Puerto Morelos, revela que especies como el coral pilar experimentaron una pérdida del 98%, seguido por el coral tipo laberinto con un 94% de desgaste. Además, el coralflor suave perdió hasta el 79% de su tejido, y otras especies registraron disminuciones significativas en sus estructuras.
Factores como el desarrollo costero, la contaminación de aguas negras, encallamientos y la sobreutilización del ecosistema han contribuido a la degradación de las colonias coralinas. El cambio climático, con el aumento del nivel del mar, acidificación del océano, tormentas más intensas y frecuentes, y el incremento de la temperatura, también ha acelerado la degradación de los corales, reduciendo su tiempo de recuperación.

A pesar de los esfuerzos del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) para contrarrestar la pérdida mediante proyectos de acuacultura, como un vivero marino en el Parque Nacional de Isla Contoy y un laboratorio para la producción de microfragmentos de coral, el proyecto para sembrar 265 mil corales entre 2017 y 2022 se detuvo durante la pandemia del Covid-19. El arrecife de coral, más allá de su papel esencial en el ecosistema marino, proporciona bienes y servicios fundamentales, como la protección costera, crucial para el desarrollo y la seguridad en las zonas costeras de Quintana Roo.

