Morena atraviesa un momento clave en su evolución como partido en el poder. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa reformas para frenar el nepotismo electoral y limitar la reelección, la dirigencia nacional, encabezada por Andrés Manuel López Beltrán y Luisa María Alcalde, se ha enfocado en sumar nuevos militantes. Hasta aquí todo suena normal, pero hay un pequeño detalle; la afiliación ha comenzado desde arriba, con políticos bien apadrinados, y no desde la base que llevó al partido al poder. ¿Alguien ha visto a un ciudadano común y corriente con su nueva credencial? Porque hasta ahora solo hemos visto a figuras con apellidos de abolengo político.
Por un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum busca marcar su sello en el sistema político con reformas que limiten la influencia de las dinastías. Por otro lado, López Beltrán ha iniciado un programa de afiliación que, además de fortalecer la estructura de Morena, le permite recorrer el país y posicionarse con miras a 2030. La diferencia entre ambas estrategias es evidente, y la oposición ha sabido aprovechar el “merequetengue” para sembrar dudas y desinformación. Un claro ejemplo es Quintana Roo, donde circuló una imagen falsa de una credencial de afiliación de Morena a nombre de Raymundo King de la Rosa, ex presidente del PRI estatal. Más allá de la veracidad del documento, el hecho refleja el nivel de descontrol y confusión que rodea al proceso.
La afiliación de figuras como Miguel Ángel Yunes Márquez y Alejandro Murat ha generado un fuerte debate dentro del partido. Mientras algunos lo ven como una estrategia pragmática para sumar aliados, otros consideran que Morena se está convirtiendo en lo que tanto criticó. La gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, ya impugnó la militancia de Yunes y amenaza con sacar trapitos al sol, mientras que senadores de Oaxaca han dejado claro que no quieren a los Murat en el movimiento. Lo curioso es que en la conferencia mañanera, cuando le preguntaron a la presidenta Sheinbaum sobre el tema, simplemente pateó el balón a la dirigencia de Morena y evitó cualquier comentario sobre la reforma contra el nepotismo. ¿Se tratará de diplomacia política o de una discreta manera de marcar distancia?
Lo que es evidente es que en Morena hay dos agendas en curso, y la ciudadanía debería preguntarse cuál es la que realmente les beneficia. ¿Las reformas de Claudia Sheinbaum realmente marcarán un cambio o serán solo un discurso bonito? ¿El proyecto de afiliación de López Beltrán es para fortalecer al partido o para su propia proyección? Y lo más importante, ¿cuándo veremos a un ciudadano de a pie recibir su credencial de Morena y no solo a políticos reciclados? Porque hasta ahora, la «apertura» sigue siendo un club exclusivo.

