COLUMNA Punto de Reposo
Por David García.
Tal pareciera que muchos aún le apuestan al fracaso del estado; he leído críticas hacia el Puente Nichupté que solo nacen del desconocimiento. Tuve la oportunidad de estar ahí en su inauguración y, sin duda, es una magna obra que marca un antes y un después para Quintana Roo.
A diferencia del segundo piso del Periférico en la CDMX, este coloso de 12.1 kilómetros es totalmente libre de peaje; es decir, transitar por él es gratis para el pueblo.
Este puente no es solo concreto; es justicia social para el sector laboral que mantiene a flote nuestro turismo. Miles de familias dependen de esta industria y hoy reciben de vuelta el tiempo que el tráfico les robaba. Pasaron décadas para ver una infraestructura de esta magnitud y, honestamente, pasarán muchas más para ver otra igual; quizá cuando ocurra, varios ya no estemos en este planeta.
Más allá de la movilidad, el puente podría ser sede de eventos deportivos y artísticos de clase mundial. Para quienes amamos la fotografía, su concreto será una ventana perfecta para capturar atardeceres dorados que inspiren el alma.
El Puente Nichupté es el puente lagunar más grande de México y el segundo de América Latina ya está aquí. No es de un gobierno, es de los quintanarroenses. Usémoslo y defendamos el progreso que nos pertenece y que ya pagamos.

