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El INAH en Crisis

La polémica sobre la continuidad de Diego Prieto al frente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha desatado una tormenta que, lejos de amainar, pone en evidencia el descontento acumulado durante años. Con más de 130 investigadores y académicos exigiendo su salida, entre ellos figuras destacadas como Leonardo López Luján y Noemí Castillo, la pregunta es clara: ¿cómo llegó el INAH a esta situación de desmantelamiento institucional?

La carta dirigida a las autoridades federales y culturales, publicada por Excélsior, es un reclamo directo a la falta de dirección coherente en el INAH. Lo que alguna vez fue una institución emblemática para la preservación del patrimonio cultural de México, hoy se encuentra en una crisis profunda. Los firmantes no se andan con rodeos: la gestión de Prieto, quien asumió la dirección en 2016 durante la administración de Enrique Peña Nieto, ha sido señalada como el principal factor detrás del deterioro progresivo de la institución.

El descontento no solo es visible en la élite académica, sino que también resuena en los trabajadores del INAH, quienes han sufrido la falta de diálogo y condiciones laborales precarias. Prieto, acusan, ha permitido que el INAH sobreviva con una planta laboral insuficiente, sin plazas nuevas y con instalaciones deterioradas. Todo esto, mientras la tercerización y el outsourcing continúan siendo prácticas comunes, una contradicción flagrante en un organismo que debería ser el estandarte de la protección y promoción de la cultura nacional.

El verdadero problema aquí es la desconexión entre las necesidades reales del INAH y las acciones –o inacciones– de su administración. El instituto necesita más que discursos vacíos y reacciones mediáticas. Requiere una transformación estructural que priorice el diálogo abierto, la suficiencia presupuestal y el fortalecimiento de su personal. No basta con decir que se apoya al INAH mientras este se desmorona lentamente.

Diego Prieto ha llegado al límite de lo tolerable. Los agravios institucionales y la falta de una gestión eficaz son temas que no se pueden seguir ignorando. La exigencia de los investigadores es clara: se necesitan medidas concretas, no más promesas huecas. Porque el INAH, como pilar del patrimonio cultural de México, no puede permitirse el lujo de continuar en manos de una dirección que, según sus propios trabajadores, ha fallado en cumplir con su misión.

La ratificación de Prieto abre la puerta a una nueva etapa de conflicto dentro del INAH. ¿Se tomará en cuenta este llamado a la acción? O seguiremos viendo cómo una de las instituciones culturales más importantes del país se debilita ante la indiferencia de sus dirigentes.

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