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Localizada Muerta

Reflexión sobre el caso de la joven enfermera Dulce Yarely.

Por más duro que parezca el título, esta es la realidad que viven miles de familias en nuestro país, y Quintana Roo no es la excepción. El trágico final de Dulce Yarely, una joven enfermera, subraya una dolorosa verdad: cuando las instituciones que deberían protegernos fallan, las consecuencias son irreparables. En los casos de desaparición, las primeras horas son cruciales para cualquier investigación, pero la respuesta tardía y la indiferencia de las autoridades pueden transformar la esperanza en desconsuelo.

Dulce desapareció sin dejar rastro, y mientras su familia y amigos en apoyo de los medios de comunicación movilizaban todos los recursos a su alcance para encontrarla, se encontraron con la apatía de quienes debían haber actuado con rapidez. La burocracia insensible quedó evidenciada cuando la Fiscalía General del Estado no pudo avanzar en la investigación simplemente porque «no trabaja en domingo». Este tipo de respuesta refleja una preocupante falta de urgencia y humanidad. 

En medio de esta desesperación, recibí un mensaje de WhatsApp angustiante de un familiar de Dulce el día viernes a las 22:32 horas del 30 de agosto: “¿Por favor puedes publicar esto? URGENTE JOVEN DESAPARECIDA. Alguien la ha visto desde ayer, no sabemos nada de ella, si sabe algo mándenme mensaje al 983******* se llama DULCE YARELY FLORES MONJE. Su familia la anda buscando, fue vista por última vez en la colonia del bosque”. Este mensaje era un grito de auxilio, un intento desesperado por hallar a Dulce a través de cualquier medio posible.

La desesperación llevó a los seres queridos de Dulce a bloquear durante varias horas la carretera Chetumal-Bacalar en la comunidad de Huay-Pix, en un acto de protesta, buscando presionar a las autoridades para que hicieran su trabajo y evitar que el presunto responsable escapara. Las cámaras de seguridad de la ciudad de Chetumal fueron clave para seguir el rastro del supuesto novio de Dulce, quien fue captado el día de los hechos saliendo del domicilio de ella y regresando de la comunidad de Calderitas en un lapso de 45 minutos. Las cámaras documentaron todo el recorrido por el bulevar bahía de Chetumal. Esta evidencia, junto con los testimonios de vecinos, fue lo que finalmente movió a la Fiscalía y a otras autoridades a implementar un operativo de búsqueda en colaboración con el Ejército Mexicano, la Marina y la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Pero la búsqueda llegó demasiado tarde.

Este lunes 2 de septiembre, pasadas las 12 del día, el cuerpo de Dulce fue hallado sin vida en un camino de terracería cerca de Calderitas camino al poblado de Luis Echeverría, y el presunto responsable hasta la publicación de esta información continúa prófugo. El caso de Dulce es una amarga lección sobre la importancia de actuar con rapidez y sensibilidad en los momentos más críticos. La inacción, la falta de empatía y la burocracia ineficiente son cómplices silenciosos en tragedias como esta.

Dulce ahora es un nombre más en la dolorosa lista de mujeres asesinadas en Quintana Roo. No podemos permitir que su historia se repita; debemos exigir un sistema que responda con la urgencia y el respeto que toda vida merece.

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