COLUMNA Maya sÍn Fronteras
Por Graciela Machuca Martínez.
México vive una crisis de seguridad de género que no da tregua, mientras la Secretaría de las Mujeres enfrenta un vacío tras la renuncia de Citlalli Hernández Mora. Su salida para integrarse a tareas electorales deja una herida abierta entre colectivos y víctimas que esperaban políticas de Estado contundentes.
La realidad del primer trimestre de 2026 es alarmante: el feminicidio sube en 12 estados y mueren, en promedio, diez mujeres al día. A esto se suma un incremento del 15 por ciento en violencia familiar y una brecha de impunidad del 90 por ciento en delitos sexuales.
Activistas y madres buscadoras critican que la agenda de género sea tratada como una moneda de cambio política. Entre las fallas urgentes destacan la asfixia presupuestal a los refugios, las Alertas de Género que solo existen en papel y el estancamiento de la Ley General de Feminicidio.
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta ahora una decisión crítica para el país. La nueva titular no solo requiere lealtad, sino un perfil técnico que garantice autonomía presupuestal y coordinación real con las fiscalías estatales.
El reto es pasar de los discursos simbólicos a infraestructuras con personal pericial capacitado y representación legal efectiva. El próximo nombramiento no heredará un despacho cómodo, sino un incendio nacional que exige acciones inmediatas.
Ser mujer en México no debe seguir siendo un factor de riesgo mortal; la retórica ya no basta para proteger la vida de las mexicanas.

