COLUMNA Por lo menos así lo veo yo
Por Gustavo Ferrari Wolfenson
Todo cambio de gobierno trae aparejados tiempos propios de demostrar el por qué se llega al poder y que la gestión a emprender traerá a la ciudadanía un sinnúmero de resultados nunca antes obtenidos por cualquier administración anterior. Sin embargo, hay una vieja historia sobre tres sobres que le deja una autoridad a su sucesor. Esta narrativa es una muestra fehaciente del enorme camino que todavía nos falta por transitar en aras de alcanzar un verdadero desarrollo, modernidad y bienestar colectivo.
Según ese cuento, el gobernante saliente le deja tres sobres sobre el escritorio al entrante, con la indicación de que abra un sobre cada vez que se encuentre ante un problema grave.
Llegado el día en que los problemas parecen irresolubles, esa autoridad abre el primer sobre, para encontrarse que su predecesor le indica que lo culpe a él de todos los males. Cuando llega el momento de abrir el segundo sobre, aparece la sugerencia de que culpe ahora todos los males a la situación externa. Finalmente, cuando es tiempo de abrir el tercer sobre, la indicación dice simple y llanamente, «es tiempo ahora que tu prepares los nuevos tres sobres».
Este relato lamentablemente sigue teniendo un sentido de validez. Prácticamente, en mi ya larga carrera profesional como consultor en temas políticos, no recuerdo ni un solo caso en que los gobiernos entrantes no hayan comenzado acusando al anterior de todos los males posibles. Ciertamente, en muchos casos, no han faltado razones para culpar al predecesor de lo heredado, pero el problema no reside en el predecesor o en el sucesor en cada coyuntura, sino en el hecho de que haya males heredados.
Desde la perspectiva de la ciudadanía, lo importante en toda coyuntura de transición no es qué pretendía o qué logró hacer el gobierno anterior o lo que se propone modificar el gobierno entrante, pues los resultados de una gestión se aprecian en el largo plazo. Lo que le concierne a la ciudadanía en su vida cotidiana es que se cuente con una situación de estabilidad que le permita realizar sus actividades diarias sin estar permanentemente sujeta al riesgo de indefiniciones, falta de decisión y objetivos políticos o al embate de acciones que afectan su planificación y expectativas.
Entonces la pregunta que surge es: ¿Quiénes son los Elegidos de Dios?. Los «elegidos de Dios» (o los «escogidos») son, en la teología judeocristiana, aquellas personas o grupos predestinados por Dios para la salvación, el servicio divino o cumplir un propósito especial. El “Elegido” es aquel que no es un temerario irreflexivo, sino paciente. El que no es intolerante sino comprensivo, aquel que no es dadivoso sino entregado. Ese es entonces, el Elegido de Dios. Son libres de rituales, de sectas y de dogmas. Tienen el conocimiento de la vida y los Misterios para él no existen. Además, sabe respetar y se entrega haciendo vida cada uno de los símbolos que marcan el sendero de la Luz. El Elegido se conoce en el razonamiento del conocimiento, adquiriendo la libertad del alma, de las emociones, enalteciéndola por las virtudes y dándoles vida con los actos en el poder y el gobierno de su propia mente, en el poder y gobierno de su propio cuerpo para armonizarse con el mundo y con el Universo.
Hoy Quintana Roo, ha construido un sistema político que muestra cotidianamente el sometimiento de los abusos y caprichos de un poder autoritario. No se percibe la libertad de pensar, de criticar y de participar y, asimismo, hay un sinnúmero de temas pendientes que no se han podido resolver. La reforma presentada esta semana que propone cambiar la composición de los Cabildos para que no ingresen los candidatos a alcaldes de la oposición que hayan perdido la elección, es una clara prueba de ello. Entonces, la narrativa democrática, popular, humanista como lo señala una de las palabras de origen yucateco que más me divierte aprendidas en los 23 años por estas tierras es simple: “se gastó”.
Sin embargo, el verdadero desafío del próximo elegido no se expresa a través de la discusión sobre temas temporales, cuya trascendencia es tan efímera como la propia coyuntura. Este desafío exigirá definiciones sobre temas trascendentes para nuestro destino que nos permitan de una vez por todas alejarnos de los límites extremos de la marginación y la exclusión social.
Es fundamental la búsqueda de consensos para que se hagan posible estos esfuerzos de mayor integración acompañados de una noción de equidad nueva. Para ello será fundamental el fortalecimiento de una cooperación institucional que cambie los viejos parámetros de la asignación de recursos públicos y los destine a los que realmente los necesiten y se deberá, sobre toda las cosas, profundizar el proceso de descentralización como pilar de la eficiencia de gestión.
La modernización de la gestión pública, una mejor administración de los recursos económicos y avanzar hacia un modelo de gestión asociada en el diseño e implementación de las políticas públicas descentralizadas aparecen como cuestiones que necesariamente requieren un debate abierto que integre opiniones de los distintos actores y sectores.
Bajo un sistema eminentemente personalista, las ideologías y mucho más los programas de gobierno, han pasado prácticamente desapercibidos a lo largo de estos años, ya que se han manejado mucho más pasional, dogmática y demagógicamente que racionalmente.
Todo nuevo gobierno intenta vender un modelo de seducción a la ciudadanía presentándose como un proceso que está cambiando de acuerdo a las inquietudes sociales, sin embargo, las experiencias sucedidas nos muestran que, en su interior, por las propias coyunturas ya analizadas, continúan las mismas figuras bajo idénticas estructuras, imputando todos los males del descreimiento a los demás, eximiéndose, por su parte de todas las responsabilidades de conducción.
Al estar pendientes de lo que suceda, vienen a mi mente algunos pasajes bíblicos que me permito transcribir. El evangelio según San Mateo (Mt.16,16) nos dice “Tú eres el Mesias, el Hijo de Dios Vivo, para luego agregar “ Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. -Mateo 16: 13-20.
Dar las llaves significa entregar la autoridad con el poder de gobernar, de permitir y prohibir. Y esto será lo que debe ocurrir en los próximos tiempos. Estarán consciente de esta responsabilidad a la hora de decidir???. ¿¿¿¿Seguirán barajando las canicas en busca del receptor de las llaves????
Creo que se vienen tiempos de reflexión y esperaré ese día en donde contemplando la gloria del Señor se escuche la proclamación “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco, escuchadle.” (Mateo 17, 1-5).
De lo contrario, habrá que empezar a escribir los tres sobres.
Por lo menos así lo veo yo.
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