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Por Graciela Machuca Martínez
El peligro ecocida de Royal Caribbean persiste en Quintana Roo
Un ecocidio que, aunque frenado por la fuerza ciudadana, ha dejado al descubierto la vergonzosa complicidad gubernamental y la voracidad insaciable de las grandes empresas transnacionales en Quintana Roo.
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la SEMARNAT, rechazó autorizar el megaproyecto denominado “Perfect Day”, impulsado por la naviera Royal Caribbean.
Este desarrollo, que contemplaba un masivo parque acuático y una nueva terminal de cruceros, representaba, según los expertos, una auténtica sentencia de muerte para los ecosistemas costeros del sur de Quintana Roo.
Sin embargo, la resolución federal nos obliga a plantearnos una pregunta ineludible y sumamente incómoda: ¿Bajo qué argumentos técnicos y morales, el Ayuntamiento de Othón P. Blanco otorgó las facilidades y modificó el uso de suelo a favor de este proyecto?
La respuesta apunta a una ceguera deliberada y a la confección de un “traje a la medida” normativo para la naviera.
Las autoridades municipales aprobaron en el papel lo que en la realidad era un desastre preanunciado.
Ignoraron el principio de prevención y la enorme fragilidad hidrológica de la zona costera. Peor aún, vulneraron la Ley General del Equilibrio Ecológico y normas federales clave de protección al manglar, asumiendo competencias exclusivas de la Federación para facilitar el proyecto.
Para intentar evadir la ley, la empresa utilizó el viejo truco de la depredación turística: la fragmentación. Dividieron el proyecto en tres partes para maquillar el daño. Pero el engaño no prosperó.
Tan solo en uno de esos fragmentos, el «Beach Club», la SEMARNAT documentó 33 graves impactos ambientales sin medidas reales de mitigación. Estamos hablando del riesgo inminente de envenenar el acuífero subterráneo por intrusión salina y provocar la asfixia del Sistema Arrecifal Mesoamericano, que ya se encuentra en extrema vulnerabilidad.
La presión social no se hizo esperar. Más de catorce mil comentarios ciudadanos en una consulta pública obligaron a la naviera a presentar un desistimiento el pasado 19 de mayo.
Sin embargo, la maquinaria pesada sigue operando hoy en Mahahual, como si la Federación no hubiera determinado rechazar el proyecto. Se trata de un acto que raya en la provocación y la impunidad.
La prepotencia es tal, que continúan alterando el entorno sabiendo que la PROFEPA actúa a paso de tortuga y que las autoridades locales prefieren ser escudos políticos antes que defensores del patrimonio natural.
A nivel federal, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la cancelación del proyecto por ser «demasiado invasivo» y aseguró que no se permitirá infraestructura que ponga en riesgo los arrecifes y manglares. Incluso, adelantó que se analiza otorgar a Mahahual una nueva categoría de protección ambiental estricta, limitando la zona a un verdadero ecoturismo de bajo impacto.
Sin embargo, la presidenta de México, advirtió que la inversión de Royal Caribbean podría reubicarse en otra zona menos frágil de Quintana Roo.
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