La talentosa locutora Mary Hernández ha dejado en claro su pasión por la comunicación, pero ¿es eso suficiente para gobernar un municipio? En su última transmisión radiofónica, por cierto desde Cancún, demostró que puede hablar por horas, pero ¿qué pasa con su desempeño en la administración de recursos públicos?
El área de comunicación del ayuntamiento parece un verdadero caos. La estrategia para llevar las acciones del gobierno a los carrilloportenses es tan brillante como un unicornio invisible. Pero no se preocupen, Mary ha asumido personalmente el reto con su propio programa: «Cuentas Claras con Mary Hernández», donde seguramente encontraremos respuestas a todas nuestras preguntas… o no.

Y hablando de asesores, la presidenta está rodeada de «expertos» que parecen haber salido de una telenovela. Siempre dispuestos a decirle lo que quiere oír, ¡qué útil! ¿Quién necesita críticas constructivas cuando puedes tener aduladores a tu alrededor? ¡Viva el lema «¿Qué horas son? ¡Las que usted quiera, presidenta!»
Y cómo olvidar el momento épico en que Mary Hernández decidió hablar en su programa de la divisa mexicana frente a lo DÓLAR. Realmente se ganó el corazón de los carrilloportenses. Claro, todos sabemos que eso es lo que realmente nos importa, ¿verdad?
Pero volviendo a lo importante, gobernar un municipio requiere más que un don para la comunicación. ¿Podrá enfrentar los desafíos y solucionar los problemas de Felipe Carrillo Puerto con la misma agilidad que le pone a su locución? Estamos ansiosos por verlo. Mientras tanto, las comunidades claman por atención y la falta de compromiso de la presidenta es notoria.

Aunque, para ser justos, hay algo que mantiene a flote su gobierno: las acciones emprendidas por el gobierno federal, por el presidente Andrés Manuel López Obrador y las gestiones de la gobernadora Mara Lezama. ¿Qué sería de Felipe Carrillo Puerto sin ese salvavidas?
En fin, tal vez Mary debería reconsiderar su reelección y retomar su verdadera pasión por la locución. Seguramente sería más beneficioso para los carrilloportenses. Al fin y al cabo, nadie puede hablar con tanta pasión como ella. ¡Vamos, Mary, déjanos escucharte en la radio y deja la política para los que saben gobernar de verdad!

