Los políticos mexicanos evitan los libros de texto gratuitos para sus hijos en escuelas privadas, mientras los contribuyentes financian esta educación de élite.
Por David García
Resulta intrigante descubrir que a nuestros distinguidos políticos no les provoca ni el más mínimo cosquilleo lo que esos libros de textos gratuitos tengan que decir. Pero, ¿por qué habrían de preocuparse? Sus retoños tienen el privilegio de regodearse en la educación de élite que solo las escuelas privadas, y en ocasiones incluso las extranjeras, pueden brindar. Al fin y al cabo, todos sabemos que la educación en el extranjero siempre parece llevar la delantera.

Y, por supuesto, ¿quién costea esta educación selecta? ¡No hace falta ser un adivino! Los valientes contribuyentes mexicanos, aquellos padres que observan cómo sus pequeños asisten a las modestas escuelas públicas. Mientras las niñas y niños de las instituciones públicas se regocijan en el coro de lápices rotos y libros de texto gratuitos convenientemente influenciados, las élites disfrutan de una educación sin parangón, todo ello gracias al sacrificado dinero de la gente.

Es innegable que los ilustres gobiernos de Morena han suscrito un acuerdo que resulta simplemente emblemático. Por supuesto, sus propios vástagos jamás se ensuciarán las manos con un libro de texto gratuito. Al fin y al cabo, ¿quién necesita libros que promuevan un pensamiento de corte socialista cuando es posible acceder a una educación de categoría superior?

