La memoria en política es corta. Y en Quintana Roo, demasiado. Basta con mirar las reacciones a la reaparición de Rafael Marín Mollinedo en el escenario público, los mismos grupos que ayer criticaban a Morena hoy lo ven como su tabla de salvación.
Por David García.
Fundador de Morena, operador cercano a Andrés Manuel López Obrador, y hoy titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), Marín Mollinedo ha comenzado a sonar fuerte en Quintana Roo. Su nombre circula entre pasillos, chats, columnas y sobremesas políticas como una esperanza, sobre todo para quienes ya no tienen jugada, los ex priistas que perdieron poder tras la caída del régimen de Roberto Borge.
El mensaje es claro, quieren volver. Quieren cargos, contratos, dirección de dependencias, el presupuesto público que una vez manejaron con opulencia. Y muchos ven en “Rafa Marín” el regreso al poder que el PRI perdió y que la Cuarta Transformación ha negado.
El colapso de Roberto Borge no solo fue político, fue simbólico. Marcó el fin de una era de lujos financiados por el erario, de estructuras corruptas que parecían intocables. En su lugar llegó Carlos Joaquín con la promesa del “cambio”, que más bien resultó un cambio de manos, los beneficios se repartieron entre nuevos grupos, mayormente los “poblanos” y los viejos priistas quedaron fuera del festín.
La pandemia agravó su caída. Se acabaron los ahorros, los negocios ligados al poder, los contratos inflados. Muchos esperaron que con la llegada de Mara Lezama al gobierno estatal, las puertas se volvieran a abrir. Pero no fue así.
Mara Lezama cortó convenios millonarios de publicidad, frenó el gasto excesivo y se alineó completamente con la 4T, primero con López Obrador y ahora con la presidenta Claudia Sheinbaum. La vieja guardia priista se quedó sin entrada… hasta ahora.
A principio de año, Claudia Sheinbaum nombró a Rafael Marín Mollinedo como titular de Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM). El efecto fue inmediato en Quintana Roo, volvió a sonar como una opción fuerte para 2027, como una carta de poder en un tablero donde muchos buscan colocarse.
¿Quiénes lo celebran? Justamente quienes habían sido desplazados por Morena, ex funcionarios, ex diputados, ex operadores, ex contratistas, ex publicistas, ex, ex, ex… Aquellos que en otros tiempos disfrutaron de cenas en restaurantes de lujo en la zona hotelera de Cancún, viajes al extranjero, a Europa pagados con recursos públicos y oficinas infladas con personal leal pero ineficiente.
Hoy dicen, “Rafa es el bueno”, “es el gallo de la presidenta”, “hay que estar con él”. El oportunismo tiene memoria corta, pero mucha ambición.
El dilema es profundo. Porque si Rafael Marín Mollinedo decide abrir la puerta a estos grupos, podría sacrificar los principios fundacionales de Morena, no robar, no mentir, no traicionar. Los verdaderos morenistas —esos que construyeron el movimiento desde abajo, sin cargo ni reflectores— ya comienzan a alzar la voz.
Y mientras tanto, las tensiones crecen. El PVEM, hasta hace poco aliado indiscutible, ya muestra signos de ruptura con la 4T. Algunos ya, colgaron el chaleco guinda, ahora regresan al “chaleco verde”.
Lo cierto es que el posible regreso de Marín Mollinedo reconfigura el tablero político en el estado. Pero hay algo que no se puede perder de vista, no todo regreso es redención, y no todo liderazgo garantiza limpieza.
Quintana Roo carga con una deuda histórica, financiera y moral, generada por quienes hoy sueñan con volver al poder. ¿lo van a permitir? ¿se va a olvidar tan fácil?
La memoria colectiva debe prevalecer sobre las aspiraciones personales. Y Rafael Marín tiene una decisión que marcará su legado, abrir paso a los mismos de siempre, o renovar el compromiso con quienes construyeron Morena desde el suelo.
Porque si su liderazgo termina siendo vehículo del regreso de los ex priistas de garras largas y colmillos afilados, lo que hoy se celebra como esperanza podría convertirse, una vez más, en decepción. Analice, cuestione, recuerde. El futuro de Quintana Roo no puede decidirse desde la nostalgia de quienes ya le fallaron al estado.

