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Sin pena ni gloria

El paso invisible de Carlos Gorocica por la educación en Quintana Roo

En la política educativa de Quintana Roo, los relevos en la Secretaría de Educación a veces parecen más rituales de despedida que momentos de rendición de cuentas. Y así, entre declaraciones sobre logros invisibles y despedidas sin aplausos, se nos va Carlos Gorocica, dejando atrás una gestión que a duras penas movió la aguja del progreso.

Hoy se confirmo lo que muchos ya sabían Carlos Gorocica Moreno y su salida de la Secretaría de Educación de Quintana Roo (SEQ), entregando el testigo a la diputada federal Elda Xix Euán. En su despedida, Gorocica afirmó esta mañana ante un grupo de periodistas irse «satisfecho de los logros alcanzados», subrayando la estabilidad del sector durante su gestión, sin conflictos magisteriales de relevancia. Su evaluación, sin embargo, parece más un ejercicio de complacencia que un análisis objetivo de la realidad educativa del estado. Al afirmar que deja una Secretaría «estable», ignora por completo los retos cotidianos que enfrentan los maestros, alumnos y padres de familia.

La realidad es que, lejos de un cambio positivo, el paso de Gorocica fue casi imperceptible para quienes verdaderamente necesitan una transformación educativa: los estudiantes y los maestros. No hubo mejoras sustanciales en la infraestructura escolar, ni se vislumbraron políticas innovadoras que realmente redujeran las brechas de desigualdad en el sector educativo. Fue una administración que prefirió quedarse en el despacho, con la comodidad que ofrece la burocracia, en lugar de recorrer las escuelas, escuchar a la comunidad educativa y actuar en consecuencia. Lo que vemos es el resultado de un funcionario que eligió la pasividad y el escritorio, sobre la acción y el campo.

Le quedó grande la silla a Carlos Gorocica, y la educación de Quintana Roo pagó el precio. Promesas vacías y proyectos que no pasan de las hojas de cálculo: esa fue su herencia. Se lamenta mucho de que, cuando por fin se da la oportunidad a un funcionario del sur del estado, su actuación deje tanto que desear. Pero, ¿cómo sorprenderse cuando la estructura de la Secretaría parece más dedicada a fortalecer compadrazgos y amiguismos que a promover a quienes realmente tienen experiencia y compromiso? Con su salida, se abre una puerta para los cambios que tanto se necesitan, y es de esperar que Elda Xix Euán no se limite a administrar, sino que realmente busque transformar.

La educación en Quintana Roo no necesita administraciones «sin convulsiones»; necesita pasión, visión y acción. Carlos Gorocica se va satisfecho, pero los maestros, los alumnos y sus familias quedan con la insatisfacción de lo que pudo ser y no fue. Es momento de exigir algo más que funcionarios que pasen «sin pena ni gloria». El reto ahora está en manos de Elda Xix Euán: ojalá ella sí entienda que la educación no se trata solo de evitar problemas, sino de crear oportunidades.

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