COLUMNA Encuadre Político
Por Carlos Barrachina Lisón
No ha sido sencilla la relación de México y EEUU desde que Trump volviera a asumir el poder.
La presidenta Sheinbaum siempre ha dicho que con calma y paciencia, se «navegan» los temas y los problemas con EEUU y eso le dió popularidad. Tiró a loco a Trump y confíó en que las elecciones de noviembre en EEUU llegan pronto. Sin embargo, con Trump los días parecen semanas y las semanas meses.
Lo cierto es que la distancia de México con EEUU cada día es más grande, y parece que llegamos a un punto de no retorno.
La presidenta de México buscó foto y protección con la izquierda global en Barcelona, al reforzar sus lazos «latinoamericanistas progresistas».
Por una parte, México hace cómo que colabora en la lucha contra las drogas al detener líderes del crimen organizado; y al mismo tiempo apoya a Cuba y mantiene el discurso de la soberanía.
En Argentina detienen al contraalmirante Farias Laguna. En Nueva York dicen que la clase política de Sinaloa es responsable de relación con el narcotráfico. En Chihuahua se mueren dos agentes de la CIA, y se acusa a la gobernadora panista de traición a la patria por no informar que «gringos» estaban en una operación en México.
Sheinbaum mantiene la calma. La reacción de Trump es de pronóstico reservado, aunque recurre a la ironía para criticar a Sheinbaum.
Una reacción pausada, cómo la que está manejando ahora, es mucho más peligrosa que los golpes atrabancados sobre la mesa.
El señalamiento a Rocha y a la elite partidaria en Sinaloa es el inicio de una respuesta, y ello significa que si México sigue tirando balones fuera, seguramente se seguirán abriendo más frentes jurídicos en otros estados. Quien sabe si alcanzarán esos golpes a AMLO y a su familia, pero sin duda tratarán de desastibilizar el sistema político mexicano.
¿Que significa para México llegar a un punto de no retorno? No lo sabemos todavía, pero seguramente lo sabremos muy pronto.
Quien sabe hasta cuándo, y hasta dónde se podrá seguir estirando la cuerda.

