Los estereotipos y roles de género siguen siendo una parte arraigada de nuestra sociedad, lo que se refleja en la realidad de numerosos hogares mexicanos. Muchas familias, además de ocuparse de sus hijos, también se ven en la necesidad de cuidar a sus ancianos o personas con discapacidad. Estas tareas implican atender necesidades físicas y emocionales, así como gestionar tratamientos médicos y medicamentos.
Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) llevó a cabo la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) por primera vez. Los resultados revelan una imagen clara de las condiciones en los hogares con personas que necesitan cuidados, así como las desafiantes circunstancias que enfrentan quienes se encargan de brindar estos cuidados, muchas veces sin ayuda alguna. Sorprendentemente, algunos programas de apoyo, como las escuelas de tiempo completo o las estancias infantiles, han desaparecido en esta administración.
Un dato alarmante es que de las 31.6 millones de personas que brindan cuidados sin remuneración alguna, tres cuartas partes son mujeres, especialmente madres y abuelas. Esto significa que, en la mayoría de los hogares donde se necesitan cuidados, la responsabilidad recae principalmente en las mujeres, quienes también deben encargarse de las tareas domésticas, como la limpieza y la cocina. Además, las mujeres cuidadoras dedican casi 38 horas a la semana a estas labores, mientras que los hombres solo destinan 25 horas, lo que representa un 32% menos de tiempo.

Esta situación deja poco tiempo para el autocuidado, actividades personales y socialización. Las difíciles condiciones a las que se enfrentan las mujeres cuidadoras tienen un impacto significativo en su salud física y emocional. Cerca del 39% afirma sentir cansancio, el 31.7% ha experimentado una disminución en su tiempo de sueño, el 22.7% tiene mayor irritabilidad, el 16.3% sufre de depresión y el 12.7% ha visto afectada su salud física. En este contexto, es urgente impulsar un sistema de cuidados que tenga en cuenta tanto a las personas que los necesitan como a las personas cuidadoras. Esta responsabilidad debe ser compartida entre el Estado, los empleadores y las familias. A pesar de la atención actual centrada en cuestiones político-electorales, es esencial abrir un espacio en el Congreso para analizar con seriedad las iniciativas presentadas y escuchar las opiniones de instituciones públicas, empresas y, sobre todo, de las personas que día a día hacen un esfuerzo considerable para proporcionar las mejores condiciones posibles a sus seres queridos.

