Lo que no se vio detrás del Segundo Informe de Mara Lezama
Por David García
Cuando las cámaras se apagaron y los invitados especiales se retiraron del segundo informe de la gobernadora Mara Lezama, quedó una realidad que pocos notan: no es la imagen de una mandataria que se marcha apresurada en su camioneta, alejada de la gente. Los que estuvimos ahí vimos algo distinto: una gobernadora que conecta con la gente de forma genuina. Mara se tomó fotos, envió saludos desde los teléfonos de los asistentes y, lo más importante, recibió con gratitud el cariño de la gente. Con entusiasmo, levantaban la mano pidiendo una foto: «¡Mara, Mara, aquí!».
Pasadas las 10 de la noche, quienes permanecieron hasta el final fueron testigos de esa conexión, especialmente aquellos que han sentido el impacto positivo de su gestión como la primera mujer al frente del Ejecutivo estatal.
Aunque debería ser natural, la realidad es que es raro ver a una figura política tan accesible. A pocos metros, los equipos de trabajo de algunos presidentes municipales se empeñaban en mantener a sus «jefes» lejos de la ciudadanía. Con Mara, la historia es distinta. Su equipo no la aleja, sino que facilita su interacción con la gente. «Aquí, gobernadora, aquí quieren una foto», se oía mientras la guiaban entre la multitud. La protegían, sí, pero sin barreras. Al contrario, hacían que su cercanía fuera más fluida, mientras ella extendía la mano para atender las peticiones, rodeada de fotógrafos buscando capturar el momento.
Mara Lezama no estuvo sola en este evento. A su lado estaba su familia: sus padres, hijos y su esposo Omar, “el amor de mi vida”, como ella lo llama. Pero lo más importante fue la presencia de la ciudadanía, no como simples espectadores, sino como protagonistas de esta historia compartida. La imagen de una gobernadora que, tras un largo evento bajo el sol, se cambia las zapatillas por un calzado más cómodo para seguir caminando entre su gente, es algo que no se ve todos los días. Esa es Mara Lezama; una mujer que disfruta del cariño del pueblo, que escucha, atiende y se comunica directamente. Porque, a diferencia de muchos, ella sabe que ser gobernante no es sinónimo de mantenerse lejos del ciudadano. Esa conexión genuina es rara, pero hoy es más fuerte que nunca en Quintana Roo.
Los logros de su administración están ahí, aunque algunos prefieran ignorarlos porque ya no disfrutan de los privilegios de antes. Quizá lo más relevante: menos deuda pública. Recibir un estado saqueado, endeudado y sumido en la inseguridad no es fácil, pero aunque queda mucho por hacer, los avances son innegables.
En dos años de gobierno, Mara Lezama ha demostrado que su compromiso no es con los intereses de unos pocos, sino con el bienestar de todos los quintanarroenses. Este estilo de gobernar, centrado en la gente, era lo que hacía falta. Ahora, las cosas se hacen diferente. ¿Es un gobierno incómodo? Sí, lo es, pero solo para aquellos que han perdido los privilegios que gozaron por años.
Como en tiempos pasados, hubo quienes disfrutaron de favores políticos que les aseguraron estabilidad económica. Un claro ejemplo en Quintana Roo es la concesión de placas de taxis, utilizada durante años como moneda de cambio para pagar favores. Muchos lectores seguramente recuerdan esos días, mientras ocupan posiciones concedidas por ese viejo régimen. Hoy, esos privilegios se han acabado, y lo que antes se veía como un derecho, ahora genera malestar en quienes se resisten a aceptar que los tiempos han cambiado. Quintana Roo está siendo gobernado por la primera mujer, un hecho histórico.

