COLUMNA Por lo menos así lo veo yo
Por Gustavo Ferrari Wolfenson
Empezaron, aunque disfrazadas, las precampañas y los flyers, panfletos, las paredes pintadas por quien sabe y los cumpleaños multitudinarios de los suspirantes. All´´ en el pueblo hay fiesta como diría Serrat. Hay sonrisas, taquizas, rifas, fotos, selfies; hay caravanas llegadas en autobuses que nadie contrató y porras con batucadas aparecidas de pronto de la nada. Hay mucho dinero gastado que nadie sabe su origen, pero que si lo sumamos quizá saldaría muchas de las deudas de los municipios y hasta del estado. La pregunta que me hago es: ¿están conscientes del escenario o situación en que se encontrarán de aquí a dieciséis meses si los resultados le son favorables y hereden la responsabilidad de la conducción de sus respectivos distritos? Me temo que no y lo que se pretende es luchar por el poder por el poder mismo y mucho más preocupante por el control de una caja que siempre será más que apetecible. Ya tenía razón el maestro Hank González: “Un político pobre es un pobre político” en clara alusión al reflejo de una percepción pública arraigada de que los políticos utilizan el poder para el enriquecimiento personal, dado que el sueldo público es insuficiente para los estilos de vida exhibidos.
Mi sugerencia y reflexión está hoy dirigida a la necesidad de analizar cuáles serán los tiempos propios de gestión de las futuras alcaldías y del gobernó estatal con un escenario económico financiero muy crítico. Debemos partir de la idea que, en su mayoría, los municipios del Estado estántécnicamente quebrados, con deudas contraídas que no permitirán mucho más espacio para continuar el ejercicio del populismo, con personal administrativo deficiente, sin iniciativas para poner en marcha los grandes cambios necesarios para salir de esta situación y realidad. Por lo tanto, vislumbro que nada cambiará y temo que serán gestiones administradoras de crisis, deslucidas sin ningúntipo de proyección a futuro.
Es importante entender y que nos demos cuenta que no existen soluciones fáciles frente a estos escenarios, al contrario, el problema es precisamente creer que existe una manera cómoda de superar nuestras propias crisis y realidades. Las variables económicas del país, ya no presentan la misma solidez, el gasto social se está financiando a partir de una inflación y emisión monetaria que ya se refleja en el bolsillo de la gente. El dinero de la corrupción va para el pueblo dejó de ser un slogan cuando vemos que el representante del pueblo ahora se ha convertido es una nueva dirigencia que ha copiado los mismos vicios que sus antecesores. Por lo tanto, sólo podremos combatir con éxito nuestros propios atrasos si nos enfrentamos sin temor a las preguntas difíciles y a éstas se les da respuestas concretas, aún si resultan dolorosas.
Asumamos con resignación republicana que mientras no produzcamos bienes y servicios mejores que nuestros competidores, tendremos que recibir menos ingresos. Es parte de la ley de la oferta y demanda. Mis preguntas son entonces, ¿acaso es fácil asumir el costo político de realizar reformas económicas e institucionales profundas que afectan grandes intereses que no van a ceder pacíficamente? ¿Acaso es fácil desenmascarar el chantaje de seudo-líderes que se envuelven en la bandera de la honestidad para seguir manipulando a la gente que supuestamente representan y sólo logran un beneficio personal? ¿Acaso es fácil decirle a un pueblo que si no dejan de pensar en repartir lo que no existe y se ponen a crear cosas valiosas con su propia iniciativa, jamás va a salir de su pobreza? Por supuesto que no es fácil. ¡Pero hay qué hacerlo!; y no de cualquier modo, sino con valentía y decisión.
La búsqueda de respuestas fáciles ha sido la perdición de nuestra historia. ¿Qué países desarrollados han logrado un nivel de crecimiento a través de respuestas fáciles? ¿Japón?¿Corea? ¿Alemania? ¿Estados Unidos?, la propia China e India? ¡Absolutamente ninguno! Todos ellos entendieron -unos hace mucho y otros más recientemente- que no queda otra alternativa que ponerse a trabajar con esfuerzo, desarrollando tecnología, generando consensos básicos sobre el desarrollo, mejorando la productividad por hora hombre y asumiendo con decisión el reto de la competencia global aplicando la ley sin reservas ni privilegios.
El chabacano experimento de salir por la puerta fácil ha demostrado que no sirve para nada. Lo grave es que, cuando no se cumplen las promesas, buscamos al siguiente que nos pueda prometer alguna otra salida fácil. Es uno de los derechos que da la democracia. Pero la democracia no garantiza que un pueblo haga lo que tiene que hacer para prosperar, de hecho, no sabemos valorar a quienes nos enfrentan a nuestra dolorosa realidad. Odiamos a quienes nos informan que no se va a poder crecer sin una buena dosis de esfuerzo adicional y, más importante aún, sin un cambio radical en nuestra manera de entender la justicia económica.
Las respuestas reales son difíciles, pero eso no significa que no podamos generarlas. En nuestros países, por lo menos, la capacidad tradicional de aguantar abusos, miseria y dolor debería canalizarse hacia soportar el esfuerzo de aprender a ser mejores, de ser más honestos, responsables, y de producir más en el corto tiempo que tenemos de vida. Esta reorientación del sacrificio está más a tono con el funcionamiento de la realidad mundial y, sin duda, nos traería muchas mayores satisfacciones. No es fácil, es cierto, pero de las respuestas fáciles, a estas alturas, ya debimos haber aprendido lo suficiente como para no quererlas.
Me despido con un pensamiento de 2pac Shakur, quizá elrapero más influyente de la historia: “No le temo al enemigo que me ataca sino al falso amigo que me abraza»
Las champañas electorales empezaron. Salud!!

