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Revelación de la última conversación con Gumersindo Jiménez Cuervo antes de su fallecimiento

En numerosas ocasiones tuve la oportunidad de ver a Gumersindo Jiménez Cuervo sin el uniforme de policía, vestido de civil, ya fuera abordando un taxi, paseando en su moto o haciendo compras en algún mercado. Sería imperdonable no recordarlo con su playera de los «Pumas» – su equipo favorito – y una sonrisa en su rostro.

Dos días antes de su partida, tuve la fortuna de encontrarlo de manera fortuita en la fila de un banco. Como siempre, nos abrazamos fuertemente, como sucede cuando los amigos se reencuentran después de varios meses sin verse, aunque meses antes lo había visto en el congreso de Quintana Roo, acompañando a un grupo de policías que presentaron un pliego petitorio a los diputados para solicitar una jubilación digna por sus años de servicio. Lamentablemente, dicha solicitud quedó en el olvido.

Era muy común ver a «Gumer», como lo llamaban cariñosamente sus amigos cercanos, ayudando y apoyando diversas causas. De hecho, la muerte lo encontró realizando precisamente esto: podando un árbol en la escuela de su hijo. Un fuerte dolor en el pecho lo hizo detenerse. Esa fue su última acción en beneficio de nuestra sociedad. No sé cómo piensa un policía, pero sí sé cómo piensa un periodista. Si algún día muero, quiero estar rodeado de mi familia, de mis hijos, y no en medio de la acción. Y al comandante se le concedió su deseo: se fue cerca de sus seres queridos, y no en medio de la línea de acción.

Retomando el último día que nos vimos, como periodista en busca de información, no podía desaprovechar la oportunidad de conversar con el tremendo señorón que tenía a mi lado y su amplia experiencia. Le pregunté: «¿Qué está sucediendo en la policía? ¿Qué está ocurriendo en las corporaciones últimamente?».

Aquí quiero resaltar que con el comandante Gumercindo siempre tuve la confianza de preguntar sin restricciones. Existía una relación de confianza mutua, y él sabía que nunca revelaría algo que pusiera en peligro su trabajo. En muchas ocasiones fue muy sincero conmigo, y era innecesario que me dijera: «Esto no lo publiques». Eran valores entendidos que jamás saldrían de mi boca. Esa es la secreción que existe entre un periodista y su fuente. Gracias a estas conversaciones, a veces se logra obtener una perspectiva más amplia, especialmente cuando se trata de temas de seguridad pública, de los cuales él era un experto. Sin embargo, hoy haré una excepción a la regla y revelaré nuestra última conversación.

«Comandante, ¿qué necesita la policía de Quintana Roo? ¿Por qué el estado de Yucatán goza de esa tranquilidad que nosotros no podemos alcanzar?».

El comandante respondió: «David, Yucatán no era lo que es hoy. Experimentaron grandes problemas de seguridad pública, aunque mucha gente ya no lo recuerde. Eso se debe al trabajo que han realizado quienes están al frente de la seguridad. Para que un policía se sienta comprometido con su trabajo, debe contar con todas las prestaciones habidas y por haber. Esto incluye desde una vivienda digna, apoyo en becas para sus hijos, seguridad social y de salud, viáticos, uniformes y, lo más importante, espacios laborales dignos. Un policía que tenga todos estos beneficios será leal a la institución, cuidará su trabajo y no se meterá en problemas innecesarios. Saben que podrían perder más de lo que reciben si se involucran en situaciones indebidas. Si como institución cubren todas estas necesidades, contarán con excelentes policías sirviendo a la sociedad».

Así era Gumersindo Jiménez Cuervo, el comandante Jaguar. Minutos antes de despedirnos esa tarde, volví a preguntar: ¿Ahora hacia dónde? «Donde se me necesite, amigo. Pero que no sea lejos de mi familia, de Chetumal. Quiero estar cerca de ellos. Actualmente estoy haciendo labores en la escuela de mi hijo, ya no quiero estar alejado de ellos».

Sería grandioso que en algún momento pudiera despedirme de ustedes antes de partir. Sin embargo, creo que eso jamás sucederá. La muerte de Gumersindo nos tomó a todos por sorpresa, y todos nos hacemos la misma pregunta: «¿Por qué tanta gente mala que hace daño sigue aquí, mientras que Gumersindo, un policía comprometido con su sociedad, ya no está?».

Reflexionemos: si alguna vez nos encontramos en la calle, saludémoslo con mucho cariño y respeto. Podría ser nuestro último encuentro, uno nunca sabe.

Comandante, disculpa por hacer pública nuestra última conversación, pero creo que tu amor y dedicación de años a la policía de Quintana Roo merecen ser reconocidos. Con estas líneas quiero dar a conocer tu preocupación constante por los elementos policiales y sus familias. Espero que en algún momento los ciudadanos podamos disfrutar de una policía capacitada y con todas sus necesidades cubiertas, como bien mencionaste, «para que no se metan en problemas innecesarios».

Descansa en paz, gracias Comando.

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